De qué manera podríamos explicar el porqué de nuestros instintos masoquistas para someternos a tales suplicios, enrolándonos en travesías que poco o nada tienen que envidiar a la situación de un soldado americano atravesando desarmado un campamento de talibanes.
Pero no se preocupe tampoco por exigir terrenos con mayor número de descensos, pues pronto se percatará que las bajadas suelen ser considerablemente más estresantes y peligrosas que las subidas. Hay que estar al borde de un precipicio, en un camino agrietado, con rocas y raíces incluidas, en una posición casi vertical cabeza abajo para darse cuenta lo que son ciertas bajadas. Siente usted que las manos son ajenas en un momento dado; en otros, la bicicleta y el partido reformista son iguales: no tienen gobierno; se le acalambran las pantorrillas y termina usted por recordar toda su niñez completa, antes de que pueda alcanzar el pie de la terrible estepa.No llegará a ningún lado sin antes tomar un camino de piedras que le revolverá el contenido estomacal cual licuadora y le hará convulsionar al punto de la expulsión bucal, si no por otra vía.
Ocasiones habrá en que, en medio de la nada, usted se cuestionará: “¡En qué diablos 'taba yo pensando cuando me metí en 'eto!”. Otras personas más expresivas llegan a manifestar su frustración con un: “¡Cooooññññ… cuando salga de aquí no vuelvo ma' a 'eta vaina!”. Lamentablemente nadie le oirá, porque ya en ese momento usted estará más solo que Quirino, después de. Digamos entonces que las tres razones son válidas y que quienes nos hemos metido en esto somos un poco de cada cosa: Gallardos, Tercos e Inocentes.



.jpg)

